La civilización romana, originada en el siglo VIII a. C. a partir de la unión de tribus latinas, sabinas y etruscas, representa uno de los estados más influyentes de la Antigüedad. Su historia se divide en tres grandes etapas: la Monarquía (753-509 a. C.), la República (509-27 a. C.) y el Imperio (27 a. C.-476 d. C. en Occidente). Roma logró dominar el mundo mediterráneo mediante una sofisticada maquinaria militar y una asimilación cultural profunda, dejando un legado lingüístico (lenguas romances), jurídico (derecho romano) y arquitectónico que define a la civilización occidental.

No obstante, su trayectoria no fue un crecimiento lineal. La estabilidad del sistema se vio fracturada por crisis internas, como la Anarquía Militar del siglo III, y presiones externas masivas. La división definitiva del Imperio en 395 d. C. marcó el inicio del fin para la parte occidental, que colapsó en 476 d. C. debido a una combinación de invasiones bárbaras, inestabilidad fiscal y la pérdida de sus provincias más ricas. El Imperio de Oriente, sin embargo, perduró como el Imperio bizantino hasta 1453.

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